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Los Pibes del 7 Bravo

28 de Septiembre del 2026

Los Pibes del 7 Bravo

Imagen Insignia Regimiento 7 Coronel Conde

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Los pibes que defendieron Monte Longdon

Hay nombres que quedaron escritos en los libros de historia.

Y hay otros que quedaron escritos en la memoria de quienes estuvieron allí.

En La Plata, en el viejo Regimiento de Infantería 7 “Coronel Conde”, cientos de jóvenes hicieron el servicio militar. Eran pibes. Tenían familias, amigos, novias, padres que los esperaban y una vida que recién empezaba.

En 1982, muchos de ellos terminaron en las Islas Malvinas.

Y algunos recibieron una misión que jamás olvidarían: defender Monte Longdon, una de las alturas que protegían el acceso a Puerto Argentino.

Allí estaba la Compañía B del Regimiento 7, reforzada por ingenieros y por una sección de ametralladoras de la Infantería de Marina. El sector estaba bajo el mando del mayor Carlos Carrizo Salvadores. Entre sus oficiales estaba el subteniente Juan Domingo Baldini, jefe de la 1.ª Sección.

Durante aquellos días soportaron frío, viento, hambre, bombardeos y fuego de artillería.

Hasta que llegó la noche del 11 de junio.

Entonces comenzó la batalla.

Los británicos atacaron Monte Longdon desde distintos sectores, apoyados por artillería y morteros. Las posiciones argentinas resistieron durante horas. El combate fue brutal. Hubo fuego de ametralladoras, fusiles, granadas y enfrentamientos a muy corta distancia.

Los hombres del 7 no estaban allí para demostrar que no tenían miedo.

Estaban allí porque tenían que defender aquella posición.

Y resistieron.

Cuando las municiones comenzaron a agotarse y las bajas aumentaron, llegó la orden.

Replegarse hacia Wireless Ridge.

Y acá hay algo que merece ser contado como corresponde.

Replegarse no fue abandonar el combate.

Los documentos militares argentinos describen que la Compañía B del RI 7 se replegó combatiendo, retardando el avance británico hacia Wireless Ridge. Habían perdido hombres, estaban exhaustos y prácticamente sin munición ni armas pesadas.

Algunos no pudieron llegar.

Algunos quedaron allí.

Otros fueron heridos.

Otros fueron capturados.

Y otros continuaron avanzando.

Los que sobrevivieron a Monte Longdon todavía no habían terminado.

Porque delante de ellos estaba Wireless Ridge.

Allí, dos compañías disminuidas del Regimiento 7 volvieron a formar parte de la última línea defensiva de Puerto Argentino.

La noche del 13 de junio volvió a traer el combate.

Los británicos atacaron Wireless Ridge.

El Regimiento 7 volvió a resistir.

Y cuando la situación se hizo insostenible, llegó una nueva orden de repliegue.

Esta vez hacia Moody Brook.

A las 4:50 de la madrugada del 14 de junio se ordenó retirar al resto del Regimiento 7. Poco después, sus hombres comenzaron a abandonar Wireless Ridge. Algunos lo hicieron todavía combatiendo. El Regimiento había soportado durante horas la presión enemiga y había sufrido enormes pérdidas.

Finalmente, aquellos muchachos fueron llegando hacia Puerto Argentino.

Muchos ya no eran los mismos que habían llegado a las islas.

Habían dejado amigos en Longdon.

Habían dejado compañeros en Wireless Ridge.

Habían visto morir a hombres con los que pocos meses antes compartían una vida completamente distinta.

El Regimiento 7 perdió 36 hombres durante la guerra y tuvo más de un centenar de heridos.

Pero esta historia no termina solamente en el 7.

Porque mientras los hombres del Regimiento 7 combatían en Longdon y luego se replegaban hacia Wireless Ridge, en otro sector del dispositivo argentino otros jóvenes vivían situaciones igualmente extremas.

Entre ellos estaba un conscripto del Regimiento de Infantería 6.

Se llama Oscar Ismael Poltronieri.

Poltronieri combatió en Monte Dos Hermanas.

Y allí ocurrió otra de esas historias que parecen imposibles de contar si uno no recuerda que detrás de cada uniforme había un muchacho.

Durante el combate, Poltronieri y su camarada Juan Domingo Horisberger lograron frenar el avance de una compañía británica para permitir que su sección pudiera replegarse. Horisberger murió en combate. Poltronieri continuó luchando.

Poltronieri permaneció cubriendo el repliegue de sus compañeros.

No era del Regimiento 7.

Era del 6.

Pero su historia pertenece a la misma noche, a la misma batalla por Puerto Argentino y a la memoria de aquellos jóvenes que, en distintos puntos del dispositivo defensivo, tuvieron que decidir qué hacer cuando todo alrededor se estaba desmoronando.

Por aquella acción, Poltronieri recibió la Cruz “La Nación Argentina al Heroico Valor en Combate”, la máxima condecoración militar argentina destinada a reconocer una acción extraordinaria de heroísmo en combate.

Dos regimientos.

Dos lugares.

Dos historias diferentes.

Pero un mismo escenario.

Monte Longdon.
Dos Hermanas.
Wireless Ridge.
Puerto Argentino.

Y detrás de todos esos nombres, muchachos.

Los del 7 Bravo.

Los del 6.

Los del 4.

Los del 3.

Los de la Infantería de Marina.

Muchachos que habían salido de sus ciudades para hacer el servicio militar y terminaron enfrentando una guerra.

Por eso, cuando hoy hablamos del Regimiento 7, no deberíamos pensar solamente en un número.

Deberíamos pensar en sus nombres.

En sus rostros.

En los que volvieron.

En los que quedaron.

En los que nunca pudieron contar su propia historia.

Y también en los que, como Poltronieri, volvieron llevando para siempre el recuerdo de aquellos que habían quedado atrás.

Porque una guerra puede terminar.

Una bandera puede volver a un mástil.

Un soldado puede regresar a su casa.

Pero hay lugares de los que un hombre nunca vuelve completamente.

Monte Longdon fue uno de ellos.

Y aquellos pibes del 7 Bravo dejaron allí una parte de sus vidas.

Hoy, muchos años después, todavía podemos volver a buscarlos.

No para convertirlos en una estatua.

No para olvidar el dolor.

Sino para recordar que detrás de cada nombre hubo una vida.

Una familia.

Una historia.

Un pibe.

Y que mientras alguien los recuerde,

el tiempo no habrá podido borrarlos.

Porque algunas historias no terminan cuando termina la guerra.

Algunas historias recién comienzan cuando alguien decide volver a contarlas.

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