Fiesta Provincial del Inmigrante
El Galope de Lito Cruz
14 de Septiembre del 2026
Imagen Lito Cruz pidiendo el tradicional permiso para el inicio del desfile de cierre de la Fiesta Provincial del Inmigrante.
Hay historias que quedan cinceladas para siempre en el asfalto de nuestra querida Avenida Montevideo, ese escenario central donde el pueblo berissense se abraza año tras año para celebrar sus raíces. Hoy nos detenemos en una postal inolvidable, teñida de emoción, tradición y una pasión inquebrantable: la de Lito Cruz y su corazón fundido con el Fortín Gaucho de Berisso.
Lito no era solo un actor consagrado, un hombre de la cultura o un vecino ilustre; era, por sobre todas las cosas, un criollo orgulloso de su tierra. Cada edición de la Fiesta Provincial del Inmigrante guardaba un momento mágico, un ritual que paralizaba a la multitud congregada a lo largo de la Montevideo.
Imaginemos esa escena que vive en la memoria colectiva: el sol iluminando la calzada, el murmullo expectante de miles de personas y, a lo lejos, el golpe firme de los cascos sobre el pavimento. Aparecía Lito Cruz montado a caballo, erguido, lucientes las prendas típicas del gaucho argentino: la bombacha, la corralera, el pañuelo criollo y el sombrero bien calado. Con la imponencia de su figura y la calidez de su mirada, avanzaba al frente del Fortín Gaucho hasta detenerse justo frente al palco oficial.
Allí, con el micrófono en mano y esa voz profunda que retumbaba en el pecho de todos los presentes, cumplía con el sagrado protocolo de nuestra tradición: pedir el permiso al intendente de turno para dar inicio al gran desfile de cierre de las colectividades. No era un simple trámite; era la unión simbólica entre el crisol de razas que fundó Berisso y la figura del gaucho que custodia la memoria nacional. Tras el concedido permiso y las ovaciones que encendían la tarde, la arteria principal de la ciudad se transformaba en una fiesta de color, danza y orgullo.
Sin embargo, la vida nos enfrenta a despedidas inevitables. Cuando Lito partió físicamente, un silencio nostálgico pareció posarse sobre la Avenida Montevideo. Muchos se preguntaron cómo sería aquel primer desfile de cierre sin su presencia, sin su estampa a caballo, sin su voz pidiendo la autorización para marchar.
La respuesta llegó envuelta en emoción pura durante la edición 2021 de la Fiesta del Inmigrante. Entre el andar del Fortín Gaucho de Berisso, la multitud vio avanzar a su hija, Micaela Cruz.
Montada con hidalguía, vistiendo la tradición en la piel y portando en sus manos el amor intacto por su padre, Micaela ocupó su lugar en el desfile. Al verla marchar sobre la Avenida Montevideo, no hubo garganta que no se anudara ni ojo que no se empañase. No era solo un homenaje; era la certeza de que el legado familiar y el amor por Berisso continuaban vivos. Con cada paso de su caballo, Micaela demostró que hay antorchas que nunca se apagan y que el galope de Lito seguía resonando a su lado.
Hoy, la historia nos demuestra que los hombres como Lito Cruz no se van del todo. Viven en el espíritu del Fortín Gaucho, en el aplauso sincero del vecino en la vereda y en la valentía de una hija que supo mantener encendida la llama de la tradición.
La imagen que ilustra este posteo pertenece al instagram oficial de Lito Cruz.
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