Historia de Berisso
Cuando Berisso se Subió al Tranvía
07 de Septiembre del 2026
Los rieles que unieron barrios, fábricas, La Plata y la memoria de una ciudad
Hubo un tiempo en que Berisso tenía un sonido propio.
No era solamente el silbato de los frigoríficos, ni el golpe de las herramientas, ni el rumor interminable de los trabajadores entrando y saliendo de las fábricas.
Era también el sonido metálico de unas ruedas de acero mordiendo los rieles.
Clac... clac... clac...
Y aquel ruido no anunciaba solamente que venía un tranvía.
Anunciaba que Berisso estaba creciendo.
En 1913, el tranvía llegó desde La Plata. En aquellos primeros tiempos, su recorrido terminaba en la zona de Montevideo y Río de Janeiro. Poco después avanzaría hasta el Armour, y con el crecimiento del servicio aparecerían también los recorridos internos que llevarían los coches hacia distintos barrios y zonas de la ciudad.
Berisso comenzaba a ser recorrido por una red de rieles que, vista desde nuestros días, parece casi increíble.
Pero aquellos rieles no fueron puestos allí por casualidad.
Había una ciudad que necesitaba moverse.
Había obreros que tenían que llegar a los frigoríficos.
Había familias que necesitaban comunicarse entre los barrios.
Había gente que necesitaba viajar a La Plata.
Y había también una ciudad que empezaba a descubrir que las distancias podían medirse de otra manera.
EL 21
El 21 abría camino hacia el sur. Si el 23 y el 24 dibujaban el mapa cotidiano de los barrios y las escapadas hacia la costa, el 21 era el coche que se adentraba hacia el sector sur de Berisso, recorriendo la Montevideo hasta llegar a Villa Dolores.
Allí, frente a los viejos tanques de agua potable que abastecían al barrio, encontraba su final de recorrido. Pero no era simplemente un lugar en el mapa. Los tanques de agua no solo daban de beber a las familias que empezaban a poblar la zona, sino que sostenían el pulso de la propia infraestructura del transporte y de la vida obrera que crecía a su alrededor.
Ver llegar al 21 era ver avanzar la ciudad. Era el tranvía que llevaba a los vecinos a donde el trazado urbano se encontraba con la vegetación, las quintas y las primeras casas de Villa Dolores. Un viaje silencioso y constante que unía el agua, el trabajo y el barrio.
EL 22
Después estaba el 22.
El 22 era un verdadero gigante sobre los rieles, parte de la red troncal que unía La Plata con Berisso.
No se quedaba en las puertas de la ciudad. Avanzaba de manera firme a lo largo de la Avenida Montevideo, atravesando el corazón industrial y extendiendo su marcha hasta su mítica cabecera en Villa Zula.
Por sus escalones subían las multitudes obreras. Hombres y mujeres que venían desde la capital o se movían entre las barriadas para llegar a tiempo a los portones de los frigoríficos.
El 22 era la columna vertebral de ese ida y vuelta cotidiano. Un tranvía de distancia, de trabajo y de pertenencia. Viajar en el 22 era sentir el pulso de una ciudad entera que no se detenía.
EL 23
El tranvía 23 tenía alma berissense.
Su recorrido estaba relacionado con el movimiento interno de la ciudad y, según los testimonios recogidos por la documentación de la Universidad Nacional de La Plata, prolongaba el recorrido hacia Villa Zula, llegando hasta el sector del canal de la calle 66.
No era solamente un número pintado sobre un coche.
Era el tranvía que llevaba a los vecinos por una Berisso que todavía estaba construyéndose.
Cada parada era una pequeña fotografía.
Una esquina.
Un almacén.
Una fábrica.
Una casa.
Un barrio.
Y mientras el motorman tiraba de los controles, la ciudad pasaba por la ventanilla como una película en blanco y negro.
EL 24
Después estaba el 24.
Y si el 23 llevaba los rieles hacia Villa Zula, el 24 se internaba hacia otro de los lugares que forman parte de la memoria berissense:
Palo Blanco.
El tranvía llegaba hasta aquella zona y allí encontraba su final de recorrido, en la conocida curva de Palo Blanco.
Pero Palo Blanco no era simplemente una terminal.
En determinados momentos se convertía en destino de paseo, de encuentro y de descanso.
El tranvía podía llevar trabajadores durante la semana y familias durante los días de descanso.
Y cuando llegaban los días de calor, el viejo coche podía convertirse en una verdadera caja de humanidad.
Porque había épocas en las que el deseo de llegar hasta el río era más grande que la capacidad del tranvía.
Y entonces Berisso aprendía una vieja regla de los pueblos obreros:
si no entra uno más, siempre entra uno más.
La documentación histórica recuerda incluso situaciones en las que la cantidad de pasajeros desbordaba las posibilidades del servicio.
EL 25: EL TRANVÍA QUE SE CONVIRTIÓ EN SÍMBOLO
Pero si hay un número que quedó tatuado en la memoria de Berisso, ese número es el 25.
El 25 era otra cosa.
Era el puente sobre rieles entre Berisso y La Plata.
Por sus coches viajaban obreros, empleados, estudiantes, comerciantes, familias y muchachos que llevaban en el bolsillo unas pocas monedas y en la cabeza un mundo entero.
El recorrido fue cambiando con el tiempo.
La documentación histórica señala que el servicio llegó inicialmente a la zona de Montevideo y Río de Janeiro, y luego fue extendiéndose.
En distintas etapas, el tranvía fue penetrando cada vez más profundamente en la vida de Berisso.
Y entonces aparecieron lugares que hoy son nombres, pero que para aquel tranvía eran estaciones de una vida cotidiana:
Río de Janeiro.
Nueva York.
Los frigoríficos.
El Armour.
El Swift.
Cada uno de esos nombres estaba unido a una multitud.
Porque el 25 no transportaba solamente pasajeros.
Transportaba a la ciudad.
A la mañana llevaba trabajadores.
A la tarde los devolvía a sus casas.
Y en el medio hacía algo que ningún mapa puede explicar:
unía La Plata con Berisso.
NUEVA YORK
Hay una imagen que quizás explique mejor que cualquier estadística lo que significaba aquel tranvía.
La calle Nueva York.
Las fábricas.
Los trabajadores.
El movimiento.
Y el 25 entrando en ese escenario.
El recorrido sufrió modificaciones y, en una de sus etapas, el sentido del servicio quedó organizado de manera que el tranvía ingresaba por Nueva York y regresaba por Río de Janeiro.
No era un detalle menor.
Había que acercar a los trabajadores a los portones de los frigoríficos.
Había que hacer que el tranvía estuviera donde la ciudad necesitaba que estuviera.
Porque en Berisso los horarios no los marcaba solamente el reloj.
Los marcaban también las sirenas de las fábricas.
Cuando sonaban, miles de hombres y mujeres sabían que había llegado la hora.
Y muchas veces el 25 estaba allí para llevarlos.
EL 26
Y junto al 25 estaba el 26.
Operado originalmente por la Compañía de Tranvías La Nacional (y posteriormente bajo la Administración General de Transportes de La Plata), utilizaba coches eléctricos de dos y cuatro ejes con capacidad para trasladar a los miles de obreros de la zona.
Trazado y Recorrido:
Cabecera en La Plata: Salía del casco urbano platense (zona de Plaza Moreno / Estación Ferrocarril) cruzando la Avenida 1 y la zona del Bosque por la Avenida 60.
Tramo Interurbano: Transitaba a lo largo del trayecto de la Avenida 60 (Camino a Berisso), ingresando al casco urbano de Berisso.
Llegada al Polo Industrial: El servicio finalizaba en el corazón obrero de la ciudad, en la mítica calle Nueva York y las inmediaciones del Frigorífico Swift y Armour, garantizando el recambio de turnos de la masa trabajadora.
Los dos formaron parte de los servicios que vinculaban Berisso con La Plata, mientras que el 23 y el 24 cumplían funciones de carácter local dentro de Berisso.
Así, cuatro números fueron dibujando sobre el territorio una verdadera telaraña de rieles.
21.
22.
23.
24.
25.
26.
Seis números.
Seis recorridos.
Seis maneras de entrar y salir de una ciudad que crecía a una velocidad extraordinaria.
Y detrás de cada número había miles de historias.
Porque un recorrido no es solamente una línea dibujada en un mapa.
Un recorrido es la suma de todas las personas que alguna vez lo hicieron.
EL ÚLTIMO VIAJE
Los tranvías finalmente desaparecieron.
Los rieles fueron levantados.
Los cables dejaron de cantar.
Las ruedas dejaron de golpear sobre el acero.
Y un día, casi sin que nadie se diera cuenta de la dimensión de lo que estaba desapareciendo, el ruido del tranvía dejó de formar parte de la vida cotidiana de Berisso.
Pero hay sonidos que no desaparecen completamente.
Quedan escondidos.
Quedan esperando.
Quizás por eso, cuando uno encuentra una fotografía antigua y mira aquellos coches detenidos sobre las vías, ocurre algo extraño.
Por un instante parece que el pasado se mueve.
Uno casi puede escuchar el timbre.
¡Tin... tin...!
El ruido del motor.
El traqueteo.
El roce de las ruedas.
Y aquel eterno:
clac... clac... clac...
Entonces comprendemos que el tranvía no era simplemente un medio de transporte.
Era una parte de la identidad de Berisso.
Porque durante décadas llevó a los trabajadores hasta las fábricas.
Llevó a los vecinos hasta sus barrios.
Llevó a las familias hacia Palo Blanco.
Llevó a los estudiantes hacia La Plata.
Y llevó, sin saberlo, una parte de la historia de Berisso hacia el futuro.
Hoy ya no podemos subirnos al 21.
Ni ver de lejos llegar al 22.
Ni oir el ruido al acercarse el 23.
Ni esperar al 24.
Ni viajar en el 25.
Ni preguntar por dónde viene el 26.
Pero todavía podemos hacer algo.
Podemos volver a recorrerlos con la memoria.
Y mientras alguien recuerde aquellos rieles...
el tranvía seguirá pasando.
FUENTES DOCUMENTALES
Universidad Nacional de La Plata — SEDICI. Documentación histórica sobre Berisso y la llegada y evolución del servicio tranviario. La UNLP registra la llegada del tranvía a Berisso en 1913 y la posterior expansión de sus recorridos.
Luis A. Guruciaga — Berisso: Fotomemoria. Obra fundamental para la conservación de la memoria gráfica e histórica de Berisso. La edición está preservada digitalmente por SEDICI, Universidad Nacional de La Plata, y reúne parte del extraordinario archivo fotográfico reunido por Guruciaga.
Nota histórica: los recorridos de los tranvías fueron modificándose durante las distintas etapas del servicio. Por ello, esta crónica presenta la evolución de los recorridos y no pretende afirmar que 21, 22, 23, 24, 25 y 26 hayan mantenido idéntico itinerario durante toda su existencia.
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