Cenefa

Maestros del Alma


Simón D´Alessandro

16 de Agosto del 2026

Simón D´Alessandro

Imagen Simón D´Alessandro

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El pasillo del viejo industrial se ensanchaba solo con su presencia, y bastaba verlo llegar impecable con su traje, el portafolio y los anteojos para que el respeto fluyera de inmediato, sin gritos ni apuros. Era de esos maestros de antes que sabían llenar el aula con su sola presencia y que tenían una forma muy particular de enseñar, exigiendo con firmeza pero con una vocación inmensa por detrás.

Los que pasaron por sus clases llevan grabadas a fuego esas marcas entrañables del día a día: los bancos ordenados, las mochilas ubicadas donde correspondía para mantener los pasillos expeditos por si alguna emergencia exigía salir corriendo al grito de fuego, y las hojas amarillentas de apuntes que parecían tener cien años sobre el atril. Nunca faltaba el clásico consejo de tomarse una pastilla de Memorex cuando la memoria flaqueaba, ni su inconfundible pregunta resonando en el aire para asegurarse de que nadie se quedara atrás: "¿Se entendióóó?".

Más allá de la rigurosidad de la materia y de las fórmulas, en sus clases se filtraban las mejores charlas sobre sus viajes, sus anécdotas de fábricas y los recuerdos de su juventud jugando al fútbol con Juan Ramón Verón, contando entre risas que nadie se la podía sacar. Era un verdadero tipazo con todas las letras, de esos docentes que marcaban la adolescencia para siempre, enseñando con ejemplos prácticos —como que en el barro se camina con todo el pie porque a mayor superficie menor presión— y demostrando que la física importaba, pero que el respeto, la educación y los valores con los que uno se maneja en la vida lo eran todo.

Muchos lo eligieron con orgullo para recibir de sus manos el diploma que los coronaba como técnicos, y aunque más de uno haya pasado raspando las materias con una nota A, de arañando, el cariño quedó intacto en la memoria de toda la ciudad. Hoy, el recuerdo de aquel maestro que dedicó su vida a las aulas y que amaba compartir con sus alumnos se transforma en un eterno beso al cielo, sabiendo que su huella quedó grabada para siempre en cada rincón del industrial.

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