Artículos de Colección
La Sidral
11 de Agosto del 2026
Imagen Botella original de La Sidral
Hubo un tiempo en Berisso en el que las calles de tierra marcaban el ritmo de la vida, y en la esquina de Montevideo y Progreso, ese ritmo se transformaba en el sonido constante de botellas chocando y camiones que salían a surcar el barro. Allí, el nombre de Don José Loffi no era solo una marca: era parte del pulso de nuestra ciudad.
La fábrica de soda La Rioplatense era un engranaje fundamental de nuestra identidad. No era un lugar de envases descartables ni etiquetas de papel que se borraban con la humedad; lo que Loffi fabricaba era sólido, tangible y eterno. En aquel vidrio grueso y transparente, el sello estaba grabado a fuego, como una firma indeleble: "Bebida sin alcohol, José Loffi, Puerto La Plata". Esa marca, prensada en el mismo molde, garantizaba que lo que uno tenía en la mano —como aquella famosa y entrañable botella de la gaseosa Sidral— no era solo una bebida, sino un producto nacido del trabajo artesanal de nuestra tierra.
La logística era, para la época, un despliegue de orgullo. Don José no solo elaboraba su clásica Sidral; su establecimiento era el motor de La Rioplatense, la emblemática fábrica de soda donde también se producía sifones y se distribuía cerveza y vino, completando el catálogo de lo necesario para la mesa del berissense. Contaban con una flota propia, una fila de camiones que desafiaban los caminos sin empedrado, sorteando los pozos y el lodo para que ningún almacén, ningún rincón de Berisso, se quedara sin el producto.
Ver pasar esos camiones era ver pasar el esfuerzo. Detrás de cada botella estaba el proceso completo: la elaboración, el embotellado y esa distribución incansable que unía la esquina de Montevideo y Progreso con la vida cotidiana de los vecinos.
Hoy, al observar una de esas botellas originales de Sidral, uno no solo ve vidrio grabado. Ve el trabajo de una época, la visión de un emprendedor que entendió que su fábrica debía servir a la comunidad y el recuerdo de una ciudad que se construyó a fuerza de voluntad y trabajo compartido. Don José Loffi, con su sello en el vidrio y su flota en la calle, nos dejó un legado que, al igual que sus botellas, se mantiene intacto con el paso del tiempo.
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