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Luxhogar Electrodomésticos

21 de Abril del 2026

Luxhogar Electrodomésticos

Imágen Luxhogar Electrodomésticos

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Esta es la historia de una esquina que iluminó Berisso. Corría la década del 60 y la ciudad obrera, forjada al calor de los frigoríficos y el puerto, empezaba a asomarse a la modernidad. En el cruce exacto de las calles Montevideo y 10, allí donde el pulso comercial era más fuerte, se levantó un edificio que desafiaba la estética tradicional: un coloso de líneas rectas, puro concreto y ventanales que prometían el futuro.

Ese coloso se llamaba Luxhogar, y no era simplemente una tienda de electrodomésticos; era el portal de entrada al "confort" para miles de familias.

La arquitectura del edificio, con su estructura rítmica de hormigón a la vista y esos arcos parabólicos en la azotea que parecían mirar al cielo, era la envidia de la región. Pero lo que realmente hipnotizaba a los vecinos era el espectáculo de su vidriera a nivel de calle. Allí, detrás de cristales inmensos que parecían no tener fin, se exhibía el progreso en cuotas.

Para los niños de la época, la vidriera de Luxhogar era un cine gratuito. Pasaban horas, con la nariz pegada al vidrio, mirando las primeras y ruidosas heladeras SIAM, las flamantes cocinas con horno visore, y el objeto más deseado del siglo: el primer televisor en blanco y negro, a menudo encendido para asombro de los transeúntes. Para los padres, era el lugar de la promesa, el rincón donde, con libreta en mano y esfuerzo, se compraba la primera lavadora que jubilaba a la batea.

La esquina era un faro, coronada por un mástil de radio que se elevaba por encima de los techos bajos de la ciudad, un símbolo de conexión. El cartel vertical, con las letras "LUXHOGAR" en relieve y la marca PHILIPS reluciendo en la base, era el punto de referencia de toda la Montevideo. "Nos vemos en Luxhogar" era la frase más común para cualquier encuentro en el centro.

En las mañanas, el sol pegaba de lleno en el concreto, resaltando las texturas ásperas de la fachada. Por las noches, la luz de la vidriera era la más brillante de la cuadra, creando un refugio de claridad en la vereda. El interior, con su piso de terrazo y el zumbido de mil aparatos nuevos, olía a electricidad y a plástico recién desempaquetado.

Los años pasaron y Luxhogar fue más que un comercio; fue un hito urbano, un testigo de la transformación de Berisso. Aunque con el tiempo el negocio cambió y la cartelería original desapareció, el edificio en la esquina de Montevideo y 10 sigue en pie, conservando esa estructura audaz que alguna vez fue el hogar de la luz y el confort para toda la ciudad. Cada vez que un berissense mayor pasa por esa esquina, no puede evitar "ver" el cartel de neón y recordar el olor a nuevo de su primer televisor.

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