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Entrevistas


Carlos Pomi

09 de Abril del 2026

Carlos Pomi

Imágen Carlos Pomi en su almacén

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Nací en Berisso el 30 de noviembre de 1925, en la casa de la calle Ostende 1250, mi actual domicilio.
Estudié hasta sexto grado. Lo hice primero en la escuela N° 88 y posteriormente en la N° 35, culminando la carrera primaria en la escuela N° 1 de La Plata, donde me expidieron el certificado de estudios.
A los catorce años entré a trabajar en el frigorífico Swift y tras ser despedido, lo hice en el Armour. Estuve en las secciones Picada y Óleo. En 1950 instalo negocio de rotisería en la esquina de Ostende e Hipólito Yrigoyen. El mismo estaba a nombre mío y de la señora de Zein.
MAHMUD Y EL TIO

Vendía, entre diversos comestibles, patitas en escabeche, lechón, etc.
Aquí trabajé más o menos diez años. En 1960 me establecí en la calle Ostende. La casa era de madera, la cual modifiqué para tener salón para el almacén.
Me inicié con mercadería que ya tenía. El negocio de la esquina -o de Mahmud, como era conocido- permaneció bajo la atención de otra persona; luego pasó a ser despacho de pan hasta que finalmente cerró.
Mi negocio fue uno de los que más trabajó en la ciudad. A las 15.30 hs. ya había gente haciendo cola para entrar. Y todo lo que pedían, lo tenía. Incluso, había mercadería importada: angulas, berberechos, calamares, atún de la isla de Arosa, etc., toda una rareza para aquellos tiempos. También traía de los barcos, bacalao, pez palo, etc.
Durante un tiempo, en el vidrio del local figuró inscripto "Despensa el tío" que permaneció hasta la rotura del mismo. La caída de mi negocio comenzó con el "Rodrigazo" y luego se desbarrancó durante el gobierno de Alfonsín. Hasta ahí, por ejemplo, tenía unos cien clientes con libreta, pero con un 10000% de inflación en un año, cuando me pagaban 100$ a fin de mes, era como si cobrase 10 centavos. Eso me comió toda la mercadería que tenía; no pude sobrellevar esa situación.
Incluso, me asaltaron en tres o cuatro oportunidades, llegándome a dejar atado.
No había muchos almacenes en aquellos años.
Uno de los más grandes era el de Biffis, cerrado no hace muchos años.
Después, creo, el más antiguo era yo.
Mi único ayudante en el negocio fue mi padre. Se trabajaba todos los días. Mi jornada de descanso era el martes -día del almacenero-, así como los jueves fue el de los rotiseros. Se atendía hasta las 21 horas; poco antes de cerrar lo hice hasta las 18 horas. En aquellos años se respetaban los feriados y los paros decretados por la CGT.
Mi pensamiento actual es que los almacenes como tal, van a desaparecer. Sobrevivirán los que puedan agrandarse con otros productos, tal como lo vienen
haciendo varios en Berisso.

SALVADO POR UNA YEGUA
Durante el "Rodrigazo" me salvé con un ingreso derivado de las carreras. Un amigo tenía una yegua y un caballo.
-Van a ganar los dos-, me dijo un día.
Le jugué primero 100$ a la yegua y con lo que gané aposté todo al caballo. Aquella pagó 13$ y el caballo 39$. Hice un "fangote" de plata. Compré mucha mercadería y completé los estantes hasta arriba.
Durante el período de Alfonsín y la inflación galopante, con 100$ no compraba casi nada. La gente, poco a poco, se fue yendo a los supermercados, que comenzaban a aparecer. Cuando a la libreta de los clientes ponía, por ejemplo, 20$, a fin de mes le cobraba exactamente eso, sin recargo.Todo ello me llevó a dejar de reponer mercadería y así el cliente dejó de venir.
Durante el gobierno de Menem, se estabilizó algo la situación, pero ya la gente se había pasado a los supermercados. Contra éstos era imposible competir.

LIBRETAS DEL AYER
Muchos clientes que tenían libreta en lo de Mahmud, cuando trabajaba allí, se pasaron a mi rotisería.
Había jubilados, por ejemplo, que estaban un año sin cobrar. Yo les seguía manteniendo la libreta hasta que percibían sus haberes. Cuando me pagaban, poco o nada era lo que ganaba. La inflación llegó a ser tremenda.
También hubo clientes como aquel, que antes de pagarme, me dijo que primero iba a arreglar su vivienda... ¡Qué alhaja!.
Tuve muchos compradores con libreta, pero los únicos, realmente, que no me "clavaron" fueron los extranjeros.
La mayoría de los argentinos te defraudaba.
Los "rusos" te sacaban de todo, pero venían a fin de mes y te pagaban, principalmente los que trabajaban en la fábrica. Los criollos que pertenecían a YPF, eran de los peores, a pesar de cobrar mejores salarios.

TIEMPO DE COMER
El almacén tenía porotos, garbanzos, lentejas, arvejas partidas y otras legumbres, que vendía sueltas, ya que la gente de aquellos tiempos los consumía en abundancia. Sin embargo, no tuve fideos sueltos.
También había frutas abrillantadas, nueces, avellanas y castañas, que de igual modo los clientes compraban en forma suelta. Era otra la alimentación, muy preparada en general.
La comida típica era el puchero.
Primero hacían la sopa con arveja partida, al que también ponían garbanzos y diversas legumbres. Podía vender algunas latas de tomate y arvejas, pero mayormente todos preferían la mercadería fresca.
Además vendía pollo, patitas y colita de cerdo, que guardaba en una gran heladera comercial de varios metros de longitud. Y como complemento, poseía otra de cuatro puertas.
Recuerdo que Gualtieri tenía un almacén grandísimo en la Nueva York; él compraba "chanchas" enormes de crema y barriles llenos de "chucrut"
Tenía muchos clientes, eslavos principalmente, que consumían tales productos.

TERAPIA ALMACENERA
Había entre clientes y almaceneros una gran confianza, a tal punto que muchos de aquellos le dejaban en guarda su dinero, en lugar de depositarlo en el banco.
El almacenero de aquel tiempo, aparte de atender su comercio, servía para la luz, la enfermedad; para cualquier cosa estaba él. ¿A quién, si no, le iban a pedir...? Era "pan y lágrimas" de todo el mundo. Pero, en cambio, no le tenían lástima a él.
HORA DE BEBER
Por esos tiempos se vendían varias bebidas sin alcohol: Si- dral, Pomona, Kikako, Sacie, gaseosas de producción nacional. Perón no quiso que entrara al país la Coca Cola, porque sabía que su ingreso perjudicaría la producción nacional, fundiendo las empresas locales.

VINO A DESTAJO
Con respecto al vino, les decía a los proveedores:
-¡Mándeme vino, 100, 200, 500, lo que sea...!-, pues sabía que todo iba a ser vendido. Era tal la cantidad de personas que trabajaban en el frigorífico, que había que tener siempre mercadería en abundancia.
¡Había que darles de comer y "chupar" a tanto ruso, búlgaro y otros inmigrantes, todos gran- dotes, que trabajaban como burros!.
Ellos debían alimentarse bien.

¡SALUD...!
De igual modo, la cerveza se vendía en gran cantidad; también la bebida blanca. Así, por ejemplo, por semana vendía al menos un cajón de Fernet Branca. Amaro Monte Cudine y Montebar tenían una salida formidable.
Caña, grapa y licores extranjeros como los yugoslavos Pelín- kova, Yigovika, Slibovitska, eran, de igual modo, requeridos.
En cierta oportunidad, compré dos camiones con bebidas diversas. Lo hice a la viuda de un tal Muchila, que tenía bar cerca de la plaza Almafuerte. De igual manera adquirí en el Bar Dawson, propiedad de la familia Cruz, en la calle Nueva York, gran cantidad de grapa con más de cincuenta años de añejamiento, en particular de la marca Garibaldi. Muchas de estas botellas las vendí a corredores que venían de Buenos Aires, varios de ellos coleccionistas de bebidas. A estas personas también les oferté otros licores que no existían más: Ferroquina y C¡nato Garda, ambas de muy buena calidad.
Otra bebida de uso corriente era la Hesperidina, que aún se conserva. Incluso, había otra preparada con cáscara de mandarina que se llamaba Mandaritina. Era usual el consumo de grapa y vodka.

SOBRE EL FILO
Para cortar los fiambres y quesos, utilicé un cuchillo que me dio papá, que llegó a tener conmigo más de cincuenta años de uso. Era ancho, pero con el empleo se afinó. Cortaba como una navaja. Al final, me lo robaron del local...

CONFESIONES
Si bien tuve muchas anécdotas en mi actividad, también tengo malos recuerdos de la gente. En general, te corresponden mal, pues, ¿quién te va a fiar por espacio de seis o siete meses, para que después no te paguen...?.
Hasta el cierre definitivo de mi almacén, conservé clientes con libreta, siendo prácticamente el único que lo hacía en Berisso. A veces, ni anotaba, pues dejaba que lo hicieran los clientes... ¡Pero también, alguno que otro arrancaba una hoja para pagar menos!
Pero a mí, mucho no me importó ello. Aparte, me gustaba mucho la "timba" los caballos, los dados, todo... Me gustó vivir y así lo hice. No estoy arrepentido de la vida que hice.

NUMISMÁTICO
Coleccioné monedas de todo el mundo. Las guardaba en una caja de madera. Llegué a tener un importante número de piezas pero no pude continuar, ya que entendí que para ampliar la colección debía tener mucho dinero.
Todas fueron vendidas a Serafín Kowalewski, quien también
tenía la misma pasión.
Beloqui fue otro de los que también
colectó monedas en Berisso, siendo, quizás, el más importante.
Llegó a poseer libros especializados, con mención de las piezas en el mundo. Cuando hojeé los mismos, comprendí que era imposible seguir juntando monedas por el valor de muchas de ellas.
Fui siempre un simple coleccionista, por el placer de tenerlas.
Recuerdo que tenía una moneda que decía "Buenos Ayres", creo que del año 1815, por valor de un décimo de centavo.

RASGOS FAMILIARES
Mi padre nació en Berisso. Mi abuelo vino de Florencia -región de Toscana- en 1874, teniendo once años de edad. Lo acompañó una familia de apellido Ambrosolio.
Posteriormente se casó con una hija de ellos, la que fue mi abuela.
La Plata y el puerto, aún no existían. Debían ir a comprar algunos alimentos y medicamentos a Ensenada. Se ganaban la vida haciendo carbón de leña de madera dura, como fue típico en Italia.
Tenían una cocina larga, como de diez metros o más, donde colgaban del techo los productos de la faena de unos tres cerdos al año: chorizos, jamones, codeguines, etc. También poseían barricas con vino, quinta, etc.
Los amigos de mi abuelo venían a visitarnos para comer pato con azafrán.
Mi padre comenzó a trabajar en la fábrica a los once años, haciéndolo hasta 1956, cuando se jubiló. Por aquel entonces, se cobraba bien en esta etapa de la vida.
Gustaba mucho de ir a los hipódromos.
Iba en un principio al deTemperley.
Lo hizo hasta más allá de los ochenta años. Fue una persona muy fuerte y de buena salud. En cierta oportunidad, un tal Gómez trajo de Los Talas varias docenas de chorizos.
Mi padre, esa noche, se comió dos de ellos con huevos fritos... y a dormir. Como si tal cosa con sus ocho décadas y pico.
Mi madre vino a los cuatro años a Berisso; era piamontesa. Primero fue a La Pampa, pero allí, con las langostas y la sequía, todo se volvió en contra. Se radicaron, entonces, en la isla, haciendo allí sus estudios primarios.
Después se afincaron en Berisso.
Sus padres compraban y vendían casas.

SALUD DE "FIERRO"
Mi alimentación siempre fue sana. Durante años me alimenté con muchas verduras y frutas; no usaba sal. Comía carne solo dos veces por semana, además de pollo y pescado, todo con aceite de oliva.
Tenía barriles de"arengue"en el negocio. Con mi cuñado los partía en la mitad; les ponía pimienta, cebolla y laurel, guardándolos en frascos de vidrio para consumo personal.

UN PAN MUY ESPECIAL
La primera panadería en Berisso fue de mi abuelo y de su cuñado Ambrosolio. Tenía una tina de madera y botas de lona con las que amasaban el pan con los pies.

ENTRE EL LOBO Y LOS CABALLOS
Soy hincha de Gimnasia desde 1933, habiendo sido socio efectivo. Fui por muchos años a la cancha, hasta que al final me aburrí. Pero entre la elección de ir a la cancha o al hipódromo, me quedo con éste último. Aquí, la gente es más respetuosa y tranquila. Recuerdo haber visto venir gran número de personas de Buenos Aires en tren, sin hacer ningún tipo de daño ni manifestaciones
como los fanáticos de fútbol.

SINCERIDAD
Alguna vez tuve automóvil y lo "refundí". Le puse motor de competición y lo hice sonar. Mi sobrino Horacio me lo armó. Hasta que un buen día lo regalé, ya que continuamente tenía que hacerle arreglos o compras.
Tampoco me interesó tener casa propia, ya que siempre viví en la de mis padres. Pude haberla tenido tranquilamente, pero no lo hice.

# Historias con sabor a Berisso.-

Fuente; Historia de Roberto Leguiza para el facebook HISTORIAS DE BERISSO

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