Fiesta Provincial del Inmigrante
Desembarco Simbòlico
07 de Noviembre del 2025
Imágen Desembarco Simbólico 10 de Octrubre de 2025
El viento en la explanada del Puerto La Plata no trae solo frío; trae el eco salobre de otros mares, el rumor de lenguas perdidas y la fragancia amarga de la nostalgia. Este no es un simple espectáculo; es la respiración de Berisso, el pulso ineludible de su fundación.
A lo lejos, en la neblina que confunde el río con el horizonte, la silueta de la barcaza emerge lentamente. Es el portal del tiempo abriéndose, y en su cubierta, un puñado de figuras vestidas con harapos y abrigos pesados se aferran a maletas de cartón. Son los Inmigrantes, nuestros antepasados, que reviven en un instante. No tienen nombres específicos—son todos: el napolitano, el polaco, el ucraniano, el griego—un crisol de almas unidas por el hambre, la guerra y una fe inquebrantable.
La multitud en la orilla se queda muda. En ese silencio cargado de historia, el público no es espectador, es memoria. Cada persona revive la despedida trágica en el puerto de origen, el mar indomable, la promesa susurrada de una vida mejor. Se sienten las manos ásperas que pronto trabajarán la tierra y las lágrimas de la madre que nunca volverá a ver su hogar.
Cuando el bote roza la escollera, el aire se quiebra. Es el momento cumbre, la ruptura emocional: el fin de la travesía y el inicio de la Argentina. Las figuras simbólicas dudan un instante; la tierra prometida es, al fin, palpable. Al pisar el suelo berissense, no solo tocan la arcilla; siembran una nueva identidad.
Entonces, la escena se transforma. Los reciben sus descendientes, vestidos con los colores vibrantes de sus colectividades. Las banderas del mundo se izan al unísono, no en disputa, sino en armonía. El lamento del viaje se disuelve en un grito de bienvenida. Es el hijo que recibe al padre, la nieta que consuela a la abuela.
El Desembarco Simbólico es el abrazo colectivo de una ciudad a su propia historia. Es la confesión pública de que Berisso es una comunidad hecha de retazos, de sacrificios y de lenguas mezcladas. Al final del acto, el aplauso no es para los actores; es para el coraje fundacional que forjó esta tierra, recordándonos que somos el resultado orgulloso de esa travesía que culminó, hace ya muchas décadas, en esta orilla.
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