Pronunciar su nombre es evocar el susurro del viento que cruzó el Atlántico, trayendo consigo el aroma de la tierra natal. Nacida un 11 de diciembre de 1933, en la vasta Provincia de Córdoba, era la flor de una estirpe de valientes: Antonio Pinarello y Angela Zecchel. Sus padres le dieron la vida en Argentina, pero en el alma le bordaron, con hilo de oro y nostalgia, la bandera de Italia.
Ella fue la hija de la nostalgia, la guardiana de un juramento silencioso. Su vida no fue una mera existencia; fue una ofrenda a la cultura que sus padres dejaron atrás pero que nunca quisieron olvidar. Este destino la condujo al Círculo Recreativo Trevisano de La Plata, un pequeño pedazo de Véneto anclado en la Capital Provincial. Pero su corazón tenía otra ancla inamovible: Berisso. Fue desde el seno de esta ciudad de inmigrantes y trabajo que Lina, con devoción inquebrantable, tejió el puente de la memoria, demostrando que el alma puede habitar dos amores a la vez: la tierra que te dio cobijo y la cultura que te dio identidad.
Para Lina, el Círculo no era un club; era el Hogar Perdido, la máquina del tiempo que devolvía a los mayores su juventud y a los jóvenes, su raíz. Ella lo entendió, y por eso dedicó su alma entera a cuidarlo.
Su liderazgo trascendió cualquier cargo. Como presidenta y, más tarde, como presidenta honoraria, Lina no daba órdenes, sino que infundía amor. Su presencia era un ancla; su sonrisa, la certeza de que el pasado vivía en el presente. Se la recuerda como un "ejemplo de trabajo y honestidad", porque ella entendió que el verdadero trabajo era el del corazón, la honestidad de no dejar que una historia de sacrificios se desvaneciera en el olvido.
Lina no construyó con ladrillos, sino con afectos. Cada evento, cada charla, cada plato de polenta servido bajo su tutela, era un hilo más que tejía la identidad de una comunidad. Ella era la memoria viva de Treviso, el tono perfecto del dialecto, la lágrima contenida ante una canción de cuna italiana.
Cuando el 21 de febrero de 2023 la noticia de su partida se difundió, no fue solo una partida; fue como si una luz antigua y cálida se hubiera apagado. La Comisión Directiva y los asociados no solo lamentaron a una líder; lloraron a su madre espiritual, a la que les devolvía, día a día, el orgullo de sus apellidos.
Ahora, cada vez que en el Círculo Recreativo Trevisano se levante una copa, cuando una anécdota se cuente en voz baja, o cuando la juventud indague sobre sus raíces, sentirán el eco de Lina. Ella no se ha ido; se ha convertido en la piedra fundacional invisible de un legado que vivirá mientras haya un corazón que lata en La Plata con ritmo italiano. Su vida fue la más hermosa de las cartas de amor a su Italia amada y a sus padres inmigrantes.
Almas que inspiran es un tributo a personas que no aparecieron en los titulares ni buscaron ser el centro de atención. Su grandeza no se midió en fama, sino en los corazones que han tocado, en las sonrisas que han provocado, en las vidas que han cambiado sin siquiera darse cuenta.
Son esas manos que ayudaron sin que se las pidan, esas miradas llenas de comprensión, esas voces que reconfortan en los momentos más difíciles, en los días grises donde una palabra amable puede ser un refugio, donde un gesto desinteresado puede devolver la fe en la humanidad. Son quienes extendieron la mano cuando nadie más lo hizo, quienes regalan su tiempo, su esfuerzo y su amor sin espera.
Porque la verdadera inspiración no siempre viene de los flashes, sino de aquellos que iluminan el mundo con su esencia, con su bondad natural, con el simple hecho de estar y hacer el bien. Son faros en la niebla de la indiferencia, pequeñas luces que, juntas, hicieron de Berisso un lugar más humano, más cálido, más lleno de vida. Sus actos pueden parecer pequeños a simple vista, pero en realidad fueron los hilos invisibles que tejieron la esencia de la ciudad.