Comercios Históricos
Gomería Scafati
19 de Mayo del 2025
Imágen Libreta de Datos y Don Scafati en su Labor
En la esquina de Guayaquil y Bilbao, allá donde hoy cruzan la calle 11 y la 161 de Berisso, hubo un tiempo en que latía el corazón de un barrio entero. Ese corazón se llamaba Gomería Scafati. No era un edificio lujoso ni pretendía ser más de lo que era: un taller de barrio, de esos que huelen a caucho, a grasa, a mate recién cebado y a charla honesta.
Allí, entre herramientas, cubiertas y un banco de metal que había visto mejores días, se forjó una pequeña historia que aún vive en la memoria de muchos. Porque la Gomería Scafati no solo arreglaba ruedas. Remendaba apuros, ponía en marcha urgencias, y más de una vez, devolvía la tranquilidad a familias enteras.
Don Scafati tenía un don especial: estaba siempre. Incluso los domingos. Todo el día. Cuando todo cerraba, cuando nadie atendía el teléfono, cuando el silencio de la siesta caía como una manta pesada sobre el barrio, él estaba. Con su camisa azul, la radio encendida bajito con tango o fútbol, y las manos curtidas por los años, atendía a cualquiera que llegara. “¿Pinchaste? Traela, que lo vemos”, decía, sin reloj, sin quejarse.
Los domingos en la gomería eran distintos. Mientras en muchas casas se olía el tuco del mediodía, en esa esquina se cocinaban otras cosas: solidaridad, anécdotas, historias de gallegos, de italianos, de vida de los '70. A veces aparecía algún viejo Peugeot 404, otras una bicicleta con la cubierta floja de algún pibe del barrio. Y todo tenía lugar ahí.
Los vecinos sabían que podían contar con él. Más de una vez, algún remisero llegó con la cubierta destrozada, al borde de perder el día, y salía a la media hora agradecido, con un “te debo una”. Y él, con una sonrisa gastada y noble, respondía lo mismo de siempre: “Gracias, nos vemos la próxima”.
Con los años, las cosas cambiaron. El barrio también. Pero la esquina guarda aún ese eco de vida sencilla y generosa. De una gomería que fue refugio, punto de encuentro y servicio sin condiciones.
Hoy, donde estuvo la Gomería Scafati, hay otro local. Pero los que conocieron esa esquina con alma saben que fue mucho más que un taller. Fue parte de la historia afectiva de un barrio entero.
Y aunque Don Scafati ya no esté, y aunque la rueda del tiempo siga girando, hay memorias que no se desinflan.
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