La calesita de Mimito... un nombre que resuena en el corazón de Berisso, un recuerdo que perdura en la memoria de varias generaciones. Para aquellos que tuvieron la suerte de subirse a uno de sus caballitos, avioncitos o autitos, la calesita de Mimito es mucho más que un simple juego. Es un viaje en el tiempo, un tesoro de la infancia que atesoramos en lo más profundo de nuestro ser.
Ubicada inicialmente en la calle Ensenada y Guayaquil, la calesita era un lugar mágico, donde los sueños se hacían realidad y la alegría era la reina de la fiesta. Era un espacio donde los niños podían ser ellos mismos, sin preocupaciones ni ataduras, donde la imaginación volaba libre y la diversión era contagiosa.
Mimito, con su sonrisa cálida y su música entrañable, era el alma de la calesita. Él era quien nos recibía con los brazos abiertos, quien nos contagiaba su entusiasmo y nos hacía sentir especiales. Él era el mago que transformaba un simple juego en una experiencia inolvidable.
Era un punto de encuentro, donde los niños de todas las edades y de todos los barrios se reunían para compartir un rato de alegría. Era un lugar donde se hacían amigos, se tejían historias y se creaban recuerdos que nos acompañarían para siempre.
Y no podemos olvidar a Marino Buzarra, el carpintero que, con sus manos hábiles y su corazón generoso, construyó esa maravillosa calesita. Él fue quien dio vida a esos caballitos, avioncitos y autitos que nos hicieron soñar y reír. Su trabajo fue un acto de amor y de dedicación que dejó una huella imborrable en la comunidad.
Era un símbolo de Berisso, un lugar que nos identificaba y nos hacía sentir orgullosos de nuestra ciudad. Era un lugar que nos recordaba que la infancia es un tesoro que debemos cuidar y valorar, un tiempo de juegos, de risas y de sueños que nos marcan para siempre.
Su recuerdo sigue vivo en nuestros corazones. Cada vez que escuchamos un tango o un vals, cada vez que vemos un carrusel, la imagen de Mimito y su calesita vuelve a nuestra mente, llenándonos de nostalgia y emoción.
Es un legado que nos dejó, un legado de alegría, de amistad y de amor, que debemos transmitir a las nuevas generaciones, para que la magia de la calesita de Mimito siga viva para siempre en el corazón de Berisso.
Fuente:
. Museo 1871 Berisso
Almas que inspiran es un tributo a personas que no aparecieron en los titulares ni buscaron ser el centro de atención. Su grandeza no se midió en fama, sino en los corazones que han tocado, en las sonrisas que han provocado, en las vidas que han cambiado sin siquiera darse cuenta.
Son esas manos que ayudaron sin que se las pidan, esas miradas llenas de comprensión, esas voces que reconfortan en los momentos más difíciles, en los días grises donde una palabra amable puede ser un refugio, donde un gesto desinteresado puede devolver la fe en la humanidad. Son quienes extendieron la mano cuando nadie más lo hizo, quienes regalan su tiempo, su esfuerzo y su amor sin espera.
Porque la verdadera inspiración no siempre viene de los flashes, sino de aquellos que iluminan el mundo con su esencia, con su bondad natural, con el simple hecho de estar y hacer el bien. Son faros en la niebla de la indiferencia, pequeñas luces que, juntas, hicieron de Berisso un lugar más humano, más cálido, más lleno de vida. Sus actos pueden parecer pequeños a simple vista, pero en realidad fueron los hilos invisibles que tejieron la esencia de la ciudad.